Hablemos un poco de lo que sucede día a hora, a cada tiempo irresistible de esta asquerosa venida a menos de secuencias veraniegas. Nos levantamos al revés, para comer de lado y alcoholizarnos en una pata prestada por los vecinos.
Caminamos incoherentes todo el tiempo, tú y yo, y la sangre inmunda de momentos fantasmas en el sexo ajeno que las parejas nos refriegan como huevo que se revienta en el microondas; nos sostiene falsos tras las alegres danzas mundanas que hay que hacer para desenredarse de las sábanas.
Puedo escribir infinitamente y obligarte a respirar como NO te acostumbras…

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