domingo, 13 de noviembre de 2011
domingo, 30 de octubre de 2011
viernes, 28 de octubre de 2011
Eugin
No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite de tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder, espero que hagas lo mejor. Espero que veas cosas que te asombren. Espero que sientas cosas que nunca sentiste antes. Espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. Espero que vivas una vida de la que estés orgullosa. Y si te das cuenta de que no es así... espero que tengas el valor de empezar desde cero.
lunes, 17 de octubre de 2011
viernes, 29 de julio de 2011
miércoles, 22 de junio de 2011
miércoles, 8 de junio de 2011
lunes, 6 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
lunes, 30 de mayo de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
jueves, 26 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
lunes, 9 de mayo de 2011
miércoles, 4 de mayo de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
Ausencias, preferencias y otras pestes.
Hay una casa en la mitad de todo. De la calle, de la selva, de los cisnes, de las amalgamas dentífricas en los dientes de casi todo el mundo. Ahí, justo al medio, hay una casa.
Tu puedes ir cuando quieras, siempre hay alguien esperándote. Se llama Soledad y es la recepcionista. Tiene el pelo café, la piel oscura pero no tanto, y unas uñas perfectas, delineadas y cortadas con suma delicadeza, brillantes y transparentes como los anillos que sus dedos no llevan.
Cuando llegas, ella te recibe. Tiene una voz dulce, y cuando te habla, da un poco de sueño.
Abrir la puerta es siempre el primer paso. Cuando entras, el primer respiro es el que determinará tu estadía. Los aromas que sentirás en cada rincón de la casa, están ahí cumpliendo una función. Si sientes nostalgia, eucaliptus expelirán las velas. Si es amor, tulipán. Y cuando tus sensaciones varíen, aún cuando no te hayas movido, los olores cambiarán por ti.
En el segundo piso está la locura. Una sala con espejos y ventanas, con calefactores y aires acondicionados, velas, cuadros amarillos, un sofá, dos baños, muchas camillas y una puerta que no se cierra nunca.
Por ahí deambulando hay un hombre inglés. Alto, muy alto, rubio, muy rubio, derecho en su caminar y directo en su mirar. Si te lo encuentras mejor que lo saludes, porque el siempre sabe cuando estás en la casa, cuantas veces has venido y cuando vas a volver. El inglés y la Soledad son muy amigos, han trabajado juntos hace años.
Por las noches, llega una princesa. Árabe, no como la piensas. No con corona, no con amuletos. Con el ombligo descubierto, con monedas en las caderas. Cada paso que da, es perseguido por un centenar de tintineos. Si ella te ve, bueno, te va a corretear de la manera más sensual posible y te correrá de la casa.
Y bueno, ahí termina todo. Luego, cuando vuelvas, las cosas serán a primera vista, las mismas. Pero te engañas si crees que son iguales.
Ocasional
Estarías nervioso, señor, si ella se aventurara a rozarte el cinturón. No porque se muerda instintivamente el labio, ni porque su olor te trastorne. No. Estarías tiritando porque ella nunca dejaría de mirarte a los ojos mientras te desviste.
Te dirá que siempre te estuvo esperando, que le llamabas la atención ahí sentado, sin hablar. Sonreirá levemente antes de darte un beso, y después bailará lento sobre tu regazo. Te pedirá que le desabroches el sostén y te permitirá repartirle besos sobre los hombros.
A la mañana siguiente, la encontrarás fumándose un cigarro a medio vestir, con el maquillaje perfectamente diluido sobre los pómulos. Compartirá un par de fumadas contigo, te sonreirá con cariño, te pedirá el número de teléfono y se irá sin tomar desayuno.
A la semana siguiente la verás susurrarle al oído a otra persona, a un tipo joven, y te hervirá el estómago de rabia, de vergüenza. Mientras las imágenes de su cuerpo irrumpen en tu memoria, pensarás que no fuiste suficiente, que debiste haberla llamado tú, que eres demasiado viejo, y que nunca más podrás tener a una mujer así, pues ahora, allá lejos, parece más interesada por la mano de ese otro que se posa sobre su rodilla.
Y antes de irse, antes de irse con él, se acercará a darte un beso en la mejilla y a preguntarte cómo estás. Sonreirás mientras te parte el corazón, y perderás la erección que has escondido toda la noche.
El riesgo
(de tenerme)
Y desear un beso en la mañana, un beso al anochecer. Querer que tu olor y mi olor lleguen a fusionarse tanto que podamos encontrarnos en nuestra propia saliva. Es arriesgado, mi amor; transformarnos en esa serpiente que se come la cola.
Pero es lindo, es rico.
¿Sabes por qué?
Porque tu mentón encaja perfecto sobre mis hombros, cuando nos acurrucamos y nos olvidamos de tener que no querernos.
Y desear un beso en la mañana, un beso al anochecer. Querer que tu olor y mi olor lleguen a fusionarse tanto que podamos encontrarnos en nuestra propia saliva. Es arriesgado, mi amor; transformarnos en esa serpiente que se come la cola.
Pero es lindo, es rico.
¿Sabes por qué?
Porque tu mentón encaja perfecto sobre mis hombros, cuando nos acurrucamos y nos olvidamos de tener que no querernos.
jueves, 17 de marzo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
lunes, 7 de marzo de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
domingo, 27 de febrero de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
martes, 22 de febrero de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
lunes, 17 de enero de 2011
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